domingo, 1 de marzo de 2015

Compramos un cachorro, y ahora?

Ya la familia adquirió o adoptó a su nueva mascota. Y ahora qué?

Esa primera etapa es de vital importancia para el desarrollo sano y equilibrado del cachorro.

Primero, se debe adquirir después de la impronta, que son reglas de conducta básicas que obtendrá en su manada con la madre. Si esta etapa se suprime, el cachorro tendrá ciertas dificultades para socializar con personas y otros miembros de su especie.


Obviamente requiere una alimentación sana en proporciones adecuadas, así como sus vacunas y desparasitación en tiempo.

Pero también de suma importancia son los límites que claramente se le vayan fijando, así como enseñarle las reglas de jerarquización dentro de "su nueva manada".

Si estas reglas no son claras, o lo que es peor aún, no se le enseñan, ese cachorro empezará a desarrollar conductas negativas. Si los límites se siguen y a veces no, o determinadas personas dejan que por momentos el cachorro no respete los límites, ipso facto empezarán los desórdenes de conducta.

Es por ello omprescindible que, desde el primer momento y de manera consistente, se le muestren las jerarquías y límites.

Evidentemente y como es natural, el perro a cada momento retará para saber si las reglas y límites son en serio o si existen maneras de pasarlas por alto. Esto ocurrirá durante un buen tiempo.

En ocasiones chillará para ver si obtiene ciertas concesiones. CUIDADO! no ceder ante tales actitudes, sobre todo evitar apapacharlo o chiquearlo, esos mimos o muestras de cariño les podrían llegar a costar sangre, sudor y lágrimas más adelante.

Una mascota que recibe un buen liderazgo disciplinado, será una mascota segura de sí misma, que respete las jerarquías y límites y que no sufrirá al saberse protegida por una buena manada que tenga un líder confiable. Ser un alfa dubitativo o inseguro es la mejor manera de echar a perder a nuestro cachorro. Máxime si en la casa hay niños. Ser permisivo sólo le llevará al fracaso educativo y formativo.
El éxito o fracaso del comportamiento de una mascota es en gran parte responsabilidad de las personas con las que convive.
  

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